(*) Por Luis Felipe Zúñiga
Legitimidad y democracia interna de los partidos políticos.-
Preliminarmente asumiremos que desvanecidas las expectativas ciudadanas e intereses colectivos generalizables trasmitidos por la opinión pública y con ellas las pretenciones de legitimidad del orden político según lo expuesto por Habermas, así como una verdadera integración social con fortaleza identitaria normalmente determinada, surgen empoderados los individuos ya manipulados dispuestos a operar e interactuar socialmente al menos de manera ficticia pero no menos válida.
Empoderamiento, ya que su despolitización otorga nuevas y paradigmáticas maneras de consensuar, sumado a las ventajas propias de la sociedad de la información (postindustrial) en la que de modo vertiginoso ansiamos hallarnos, y en épocas de Jaime Cárdenas comenzaban a verificarse.
Dicha sociedad genera individuos conscientes, críticos y aun más pragmáticos en su relación social, capaces de gatillar y generar rupturas con las realidades socialmente construidas y asumidas como ordenes complejos y necesarios.
Sin embargo, los partidos políticos operan sobre la base de ser fruto racional y discursivo, un cúmulo de ideologías históricamente organizadas con el propósito de conformar una alternativa de consolidación de un sistema de gobierno, de un estilo conformado por estrategias o por políticas publicas con el fin de lograr un orden, pero dicho orden es la materialización de las voluntades racionales generadas en expectativas, las que no son trasmitidas con racionalidad comunicativa.
En efecto, la sociedad de la información, con Internet, con la instantaneidad, con la decodificación del lenguaje discursivo, con un predominio de la técnica logran vulnerar las barreras interpersonales, en otras palabras, la opinión publica se complejiza y surgen grupúsculos liderados por individuos capaces de conducir un conjunto de intereses comunes, muchas veces transnacionales.
Estos grupos entran en competencia con las vetustas estructuras de los partidos políticos tradicionales, de dicha fricción surge un marco político y social posible de evaluar.
Al contrario de lo expuesto por Habermas, hoy la opinión publica posee mayor espacio donde ejercitarse y presionar o controlar el funcionamiento de los partidos políticos y las masas van adquiriendo los medios para expresarse, hay autores que consideran que los "fenómenos tecnológicos” como la Internet han democratizado el acceso a la información y al control de la gestión gubernamental pero la noción de intereses generalizables enriquecida de nuevos mecanismos genera nuevamente la sensación de desvanecimiento al que me referí en un comienzo.
El orden político aparece como desplazado, deslegitimado y de esa constatación se valen las fuerzas mencionadas por Clauss Offe, fuerzas del nuevo “paradigma”, fuerzas criticas, que no son decodificadas por el lenguaje tradicional y en dicha separación reside su oportunidad de consolidación; Niklas Luhmann, en su visión sistemática se adelanta y suma a este análisis la noción de progreso, de avance social, que inunda de posibilidades y de incertidumbres el escenario social donde se toman las decisiones, y en ese contexto las tradicionales estructuras oligarquizadas como los partidos políticos aparecen como deslegitimados porque no transmiten racionalmente las nuevas voluntades.-
Empoderamiento, ya que su despolitización otorga nuevas y paradigmáticas maneras de consensuar, sumado a las ventajas propias de la sociedad de la información (postindustrial) en la que de modo vertiginoso ansiamos hallarnos, y en épocas de Jaime Cárdenas comenzaban a verificarse.
Dicha sociedad genera individuos conscientes, críticos y aun más pragmáticos en su relación social, capaces de gatillar y generar rupturas con las realidades socialmente construidas y asumidas como ordenes complejos y necesarios.
Sin embargo, los partidos políticos operan sobre la base de ser fruto racional y discursivo, un cúmulo de ideologías históricamente organizadas con el propósito de conformar una alternativa de consolidación de un sistema de gobierno, de un estilo conformado por estrategias o por políticas publicas con el fin de lograr un orden, pero dicho orden es la materialización de las voluntades racionales generadas en expectativas, las que no son trasmitidas con racionalidad comunicativa.
En efecto, la sociedad de la información, con Internet, con la instantaneidad, con la decodificación del lenguaje discursivo, con un predominio de la técnica logran vulnerar las barreras interpersonales, en otras palabras, la opinión publica se complejiza y surgen grupúsculos liderados por individuos capaces de conducir un conjunto de intereses comunes, muchas veces transnacionales.
Estos grupos entran en competencia con las vetustas estructuras de los partidos políticos tradicionales, de dicha fricción surge un marco político y social posible de evaluar.
Al contrario de lo expuesto por Habermas, hoy la opinión publica posee mayor espacio donde ejercitarse y presionar o controlar el funcionamiento de los partidos políticos y las masas van adquiriendo los medios para expresarse, hay autores que consideran que los "fenómenos tecnológicos” como la Internet han democratizado el acceso a la información y al control de la gestión gubernamental pero la noción de intereses generalizables enriquecida de nuevos mecanismos genera nuevamente la sensación de desvanecimiento al que me referí en un comienzo.
El orden político aparece como desplazado, deslegitimado y de esa constatación se valen las fuerzas mencionadas por Clauss Offe, fuerzas del nuevo “paradigma”, fuerzas criticas, que no son decodificadas por el lenguaje tradicional y en dicha separación reside su oportunidad de consolidación; Niklas Luhmann, en su visión sistemática se adelanta y suma a este análisis la noción de progreso, de avance social, que inunda de posibilidades y de incertidumbres el escenario social donde se toman las decisiones, y en ese contexto las tradicionales estructuras oligarquizadas como los partidos políticos aparecen como deslegitimados porque no transmiten racionalmente las nuevas voluntades.-
Luis Felipe Zúñiga

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