Ciudadanía y Políticas Públicas

Wednesday, January 18, 2012

Acuerdo Sobre Cambio al Regimen Político y Sistema Binominal suscrito por Presidentes de RN Y UDI

http://www.rn.cl/v1/component/k2/item/3371-renovaci%C3%B3n-nacional-y-la-dc-subscriben-acuerdo-en-materias-pol%C3%ADticas

UN NUEVO REGIMEN POLITICO PARA CHILE


A) Nuestra realidad y el desafío:
1.- A pesar de una transición valorada en el mundo entero, y de los avances sociales y económicos evidentes, es fácilmente constatable que existe una desafección y crítica ciudadana con el sistema, que puede continuar creciendo con una baja de la participación ciudadana y una conflictividad social que puede transformarse en crónica. Dado el nuevo sistema de voto voluntario, existe un riesgo de baja participación, si es que no hay modificaciones sustanciales que convoquen al electorado.
2.- La democracia siempre requiere de su perfeccionamiento y profundización. En la lógica de proceso, se necesita un cambio de nuestro régimen político. Ya ha transcurrido casi un cuarto de siglo del retorno del sistema democrático y la necesidad de una evaluación con un propósito definido es indispensable.
3.-La distancia respecto de la política tiene distintas causas. En este texto nos referiremos a las del sistema político y, dentro de estas, a las más centrales.
4.-El presidencialismo exacerbado se encuentra en proceso de agotamiento. El presidencialismo norteamericano que influyó en el nuestro, está dotado de contrapesos. En Chile no existen esos contrapesos. La centralidad de ese poder presidencial, cuando se debilita, repercute en todo el sistema. Por eso se requiere descentralizar y democratizar más el poder.
5.-El presidencialismo le otorga un fuerte rol al Ejecutivo, pero el Congreso carece de un rol que sea percibido como real e importante por la ciudadanía. A su vez, los partidos padecen del mismo problema; pueden nominar e inscribir candidatos, pero en el hecho y el derecho carecen de algún otro rol efectivo. Se requiere que la “sana y buena” política de Aristóteles tenga un rol. De tal modo que esta pueda responder a las inquietudes de la ciudadanía.
6.-Una de las características de la globalización y la postmodernidad, es el aumento de la diversidad y la fragmentación: las así llamadas “tribus”, las redes, las modas singularizadas, las comunidades y otras formas de asociación voluntaria, son parte de esta caracterización de la sociedad contemporánea.
Los partidos políticos constituyen cauces de opinión que, entre otras funciones, jerarquizan los problemas para que sean abordados, pero en el proceso fuerzan una homogeneización interna que, en el pasado, fue facilitada por una fuerte carga ideológica. Trabajar dentro de un partido resulta, en los tiempos que corren, un gravamen excesivo para una mentalidad difusa en todos los ámbitos, que busca gratificación instantánea en la vida personal y realización pronta de enfoques muchas veces estrechos. El deterioro de ciertos niveles de la educación general y la parcelación del conocimiento son factores que van en la misma dirección. También incide para mal la distorsión que provoca la llamada “política de las
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cosas” que ha sido ejercida por mucho tiempo y por gobiernos de distintos signos. Esta noción socava gradualmente la idea de pertenencia a un grupo social con el cual todo ciudadano está obligado.
Hay que asegurar la gobernabilidad del país y eso significa participación.
7.-El régimen político chileno, además de ser excesivamente presidencial, se muestra como muy cerrado y es percibido como favorable a las dirigencias políticas. Un sistema así visto, favorece que las falencias y debilidades se desarrollen aun cuando en las elecciones se produce un alto porcentaje de renovación periódica de los elegidos, al menos en la Cámara de Diputados.
Es necesario favorecer decididamente una política de calidad, que valore la ética de la responsabilidad, en que toda autoridad tenga un contrapoder contralor y en que se eliminen decididamente todas aquellas situaciones que distancian a la ciudadanía de la política y las instituciones.
8.-La historia es parte de la cultura de nuestros pueblos. Pero la vida de las sociedades actuales está mucho más marcada por el presente y el futuro. Los hechos de nuestra historia política reciente no han sido vividos por parte importante de nuestra sociedad.
La historia no es suficiente para sustentar un sistema. Ni siquiera la buena historia.
El sistema político debe ser capaz de responder al presente y los desafíos de futuro.
9.-El avance de Chile ha tenido como uno de sus fundamentos la fortaleza de sus instituciones, junto a una política reconocida como de calidad. Ha sido tradicional la valoración de nuestro sistema de partidos. Sin embargo, esta fortaleza, que al final de cuentas es el sustento de nuestra democracia, está en proceso de deterioro.
Abrirse a la realidad es una cualidad central del trabajo político a menos que, al modo totalitario, se pretenda forzarla, con efectos fácilmente predecibles. Por eso quienes suscribimos esta declaración afirmamos que es necesario un sistema electoral que, recogiendo la diversidad, sea capaz de responder a las necesidades de la gobernabilidad. De lo contrario, existe un claro riesgo de frustrar expectativas de mayor y mejor participación.
10. Los demócratas deben asumir su responsabilidad.
Los demócratas tienen el deber de conducir el proceso político. Nadie puede quedarse en una condición de espectador. Los chilenos sabemos que los procesos no son irreversibles.
El desafío es el fortalecimiento y perfeccionamiento de nuestra democracia, sistema indispensable para lograr el desarrollo del país y de nuestra sociedad. La participación y representación de la voluntad ciudadana y la estabilidad democrática, son parte de una tarea de primera responsabilidad.
La tarea es esencialmente patriótica.
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B) La magnitud de la tarea. La Reforma Política en Chile.
Dejamos expreso testimonio que el actual sistema electoral en materia parlamentaria ha significado, para algunos, un aporte a la gobernabilidad y se ha comportado de una manera razonablemente proporcional mientras que, para otros, no ha permitido representar democráticamente la voluntad ciudadana.
Sin perjuicio de las diferentes valoraciones de quienes suscriben este documento, es evidente que subsisten graves problemas de inequidad social y económica y de expectativas insatisfechas que inducen actitudes colectivas en grupos que se consideran extraños al sistema. Por ello, quienes suscribimos este documento, estamos convencidos que es necesario abrir cauces de participación que cristalicen el sistema político en una forma comprometida con la necesidad de sustentar un gobierno, del signo que sea, que así nutrido dirija el Estado en una sintonía virtuosa del Parlamento con quienes ejerzan el Poder Ejecutivo.
Chile necesita de más y mejor democracia y eso se traduce en un nuevo régimen político de carácter semipresidencial. Diversos estudios de especialistas y comisiones especiales de la Cámara de Diputados han arribado a ese consenso.
Un régimen semipresidencial que separe la institución de la Presidencia (Jefe de Estado) de la de Jefe de Gobierno (Primer Ministro).
Ello implica un Presidente electo por voto universal, con atribuciones exclusivas en las relaciones internacionales, la defensa nacional, y la tuición de una administración pública moderna y profesional, con funciones de moderación y arbitraje político, con facultad de disolver el Congreso una vez en su mandato, y un Jefe de Gobierno propuesto por el Presidente de la República quien deberá contar con la aprobación mayoritaria del Congreso Nacional. Este Primer Ministro se constituirá en el Jefe de Gobierno.
El cambio de régimen político aquí propuesto, además de las reformas que establezcan lo anteriormente descrito, implica las siguientes reformas:
1.- Potenciar y Democratizar el Gobierno Regional y Municipal.
El desarrollo de Chile, la democratización del poder, la participación ciudadana y los cauces para la diversidad, requieren descentralizar.
Esto implica las siguientes medidas concretas:
a) Elección directa del Presidente del Gobierno Regional.
b) Elección directa de los consejeros regionales.
c) Fortalecer las facultades de los Gobiernos Regionales, e incrementar sus recursos.
d) La creación de los Gobiernos Metropolitanos, donde las ciudades ya han adquirido ese carácter.
d) Fortalecer el rol fiscalizador de los concejales en los Municipios.
e) Implementar una norma de responsabilidad fiscal.
Todo esto en el marco de un estado nacional y unitario.
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2.- Cambio del actual sistema electoral.
El nuevo régimen político y la nueva realidad requieren de un nuevo sistema, que responda a la crisis de representación, que incluya la diversidad, posibilite la generación de acuerdos para sustentar Gobiernos mayoritarios, que evite la fragmentación excesiva y establezca la existencia de una Oposición con derechos y obligaciones.
Esto conduce a un sistema electoral proporcional corregido, que permita ampliar sustancialmente la representatividad. Alentaremos, junto a otras fuerzas políticas, el estudio de la fórmula que resulte más adecuada para dichos fines.
3.- Potenciar la calidad de la política.
Aquí las tareas son varias, entre otras: transparencia y rol de los partidos; financiamiento público de estos; prohibición de las reelecciones indefinidas en todos los cargos de elección popular; primarias simultáneas y vinculantes; y la obligación de que los partidos sean plenamente democráticos en su práctica interna.
Todo este cambio puede ser el resultado de un proceso y de un conjunto de reformas. Lo importante es no detenerse, sino que avanzar en la construcción de los consensos y las amplias mayorías que cada una de estas reformas requieren. Todo esto marcado por la exigencia de oportunidad y rapidez.
El país requiere de estos cambios, el Presidente de la República, el Parlamento y los partidos políticos deben asumir su responsabilidad. Ahora es el momento adecuado para ello, pues la demora sólo acentuará el diagnóstico y sus peligros.
Hemos dialogado y consensuado estos contenidos, lo hemos hecho teniendo en vista el Bien Común de Chile y su pueblo.




Carlos Larraín Ignacio Walker
Presidente de Presidente del
Renovación Nacional Partido Demócrata
Cristiano
Santiago, 187 de enero de 2012

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Monday, January 09, 2012

Articulo del Financial Times sobre el Gobierno de Piñera

En sus inicios, el cambio en el currículo de la historia para las escuelas chilenas - de los militares "dictadura" al "régimen" para el período de la dominación violenta del general Augusto Pinochet - pasó de ser una provocación a un desliz. En su efecto, refleja que si bien Chile es un atleta en el area económica, sigue siendo un inválido político. También lo hace su gobierno.
Cuando en el Ministerio de Educación tuvieron la brillante idea usar "Regimen Militar" para describir uno de los gobiernos más asesinos de una época dura, con competencia en violencia política, que no llegó sancionadas a partir de los niveles más altos de los gobiernos. El ministro designado para educación, el tecnócrata Harald Beyer, a tan sólo una semana en su trabajo. Y Sebastián Piñera, el empresario convertido en presidente, es un liberal económico. Es por eso que su elección hace dos años trajo la oportunidad de reparar la brecha que todavía separa Chile después de casi 25 años de democracia y por su incapacidad para hacerlo es tan decepcionante.

La polarización en la izquierda y la derecha se ha mantenido a través de comisiones de la verdad y el crecimiento económico alto y estable, de hecho se ha vuelto más aguda en el señor Piñera. Las protestas estudiantiles se repiten anualmente en Chile, pero el año pasado eran más grandes en escala y en el tono más duro de todo lo visto en mucho tiempo. La causa inmediata es la frustración legítima con un sistema educativo muy privado que cuesta mucho y da muy poca calidad. Pero tener un gobierno de derecha en el poder también ha despertado el apetito de los manifestantes por la confrontación, mientras que el gobierno de estaño de orejas respuesta a las demandas respaldadas por una amplia mayoría ha endurecido aún más frentes.
En tal ambiente, un cambio de palabra que sólo puede ser visto como un intento de rehabilitar a Pinochet pone leña al fuego. También expone el Sr. Piñera. No sólo ha dejar que su falta de ideología convertido en un punto ciego políticos en lugar de convertirlo en un recurso político. Incluso en la llanura motivos de gestión, el presidente se ve cada vez menos en el control de su propio gobierno.
Para ser justos, el señor Piñera siempre fue rehén de la Unión Demócrata Independiente, el partido conservador irreconciliable que es el más grande de su coalición y los músculos de su camino a una mayor influencia de la menor tasa de aprobación del presidente cae.
Pero el mayor obstáculo para la renovación política en Chile son las instituciones beaqueathed por la dictadura, que se congelan cualquier esfuerzo de reforma seria en un estancamiento permanente. Piñera le quedan dos años de su mandato no renovable: él debe dedicar a la reforma electoral. Que su país necesita un estadista, no un gerente de pato cojo

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In its inception, the word change in the history curriculum for Chilean schools – from military “dictatorship” to “régime” for the period of general Augusto Pinochet’s violent rule – was part provocation, part slip-up. In its effect, it reflects that while Chile is an economic athlete, it remains a political cripple. So does its government.
Whoever in the education ministry had the bright idea of sanitising language to describe one of the more murderous governments of an era stiff with competition in political violence, it did not come sanctioned from the highest echelons of governments. The hapless minister for education, the technocrat Harald Beyer, is only a week into his job. And Sebastián Piñera, the businessman-turned-president, is an economic liberal who is unexcited by ideology. That is why his election two years ago brought an opportunity to mend the rift that still splits Chile after nearly 25 years of democracy and why his failure to do so is so disappointing.
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Polarisation into left and right has persisted through truth commissions and high and steady economic growth; indeed it has grown more acute under Mr Piñera. Student protests recur annually in Chile, but last year’s were bigger in scale and harsher in tone than anything seen in a long time. The immediate cause is legitimate frustration with a heavily private education system that costs much and yields too little quality. But having a right-wing government in power has also whetted protesters’ appetite for confrontation, while that government’s tin-eared response to demands backed by a large majority has hardened fronts further.
In such an environment, a word change that can only be seen as an attempt to rehabilitate Pinochet throws fuel on the fire. It also exposes Mr Piñera. Not only has he let his lack of ideology become a political blind spot instead of turning it into a political resource. Even on plain managerial grounds, the president looks ever less in control of his own government.
To be fair, Mr Piñera was always hostage to the Independent Democrat Union, the irreconcilably conservative party that is the biggest in his coalition and muscles its way to more influence the lower the president’s approval rate falls.
But the greatest obstacle to political renewal in Chile are the institutions beaqueathed by the dictatorship, which congeal any serious reform effort in permanent deadlock. Mr Piñera has two years left of his non-renewable mandate: he should devote it to electoral reform. His country needs a statesman, not a lame duck manager.